No te voy a decir qué es aquello que me gusta que hagas, porque tengo miedo de que si te lo digo, dejes de hacerlo...
jueves, 14 de febrero de 2013
viernes, 4 de enero de 2013
Music&Gym
Desde hace poco más de un mes empecé a ir al
gimnasio. Espero no abandonar, porque a medida que pasan los días la rutina se
vuelve más extensa y se necesita una mayor voluntad para salir del cuarto e ir,
además la vagancia aumenta si añadimos la variable calor y el hecho de ver que
casi todos levantan más peso que uno, que el primer día termina re transpirado
después de hacer varios tipos de abdominales.
No obstante, el gimnasio tiene varias cosas
rescatables, una de ellas es el hecho de que se ocupan varias horas de días de
vacaciones que uno posiblemente perdería en la casa sin hacer nada o pensando
en boludeces. La otra cosa rescatable es más particular e interesante: en el
gimnasio descubrí un par de canciones nuevas que son bastante lindas, espero no
quemarlas escuchándolas trescientas veces en youtube hasta que la música deja
de producirme placer y se vuelve algo totalmente inocuo.
Una de estas canciones que descubrí durante la
semana pasada era un tema de Julieta Venegas, que para cuando llegué a mi casa
podía recordar la melodía pero no la letra. Terminé tarareándole la canción a
distintos conocidos, parecía Gaston Pauls en Nueve Reinas, hasta que por fin
Agus, si bien no conocía el nombre, pudo decirme parte de la letra, la busqué
en internet y ahora la escucho un par de veces al día.
Si, podrán decir que soy cursi, pero yo a Julieta
Venegas la re banco, tiene temas que para mí están muy buenos. Soy bastante ecléctico
en cuanto a mis gustos musicales, me gustan mucho Los Rodríguez, Fito Páez,
Zambayonny y ahora estoy descubriendo de a poquito a Spinetta. No sé mucho de
música, simplemente me guío por si una determinada canción me genera una
sensación placentera o no, y las canciones que escuché de Julieta Venegas,
sinceramente me gustan. Juampi, un amigo
venezolano, hace poco me dijo que le parece algo muy positivo que yo me esté
ocupando más de mi mismo, yendo al gimnasio y preocupándome más a la hora de
elegir las camisas, pero que de ninguna manera pierda esa forma de ser que es
tan propia de mi y de nadie más, a la cual él llama ‘excentricismo’. Según
Juampi yo tengo la cualidad de hablar de cosas llamativas o bizarras con mucha
naturalidad, supongo que es un elogio.
Dicho sea de paso, la canción de Julieta Venegas se
llama ‘Lento’.
miércoles, 26 de diciembre de 2012
Cuando los chorros ya no ayudan...
Laberintos Ideológicos
Creo o quiero creer tener una
ideología política más bien cercana a la izquierda, siendo asociada esta
postura a una crítica a un mundo que es inequitativo y desigual y que pretende
tomar una faceta ‘meritocrática’ ocultando el hecho de que brinda a los
distintos individuos oportunidades diferenciales para desenvolverse en la vida
cotidiana (dicho de otra manera, se trata de tapar la realidad de que no todos
partimos con las mismas herramientas y la distribución de las mismas tampoco
fue realizada de una manera justa). Sin
embargo, muy de vez en cuando, sucede algo que me hace dudar de realmente
pensar lo que creo que pienso. El hecho bien puntual ocurre cuando me roban en
la calle.
Critico a un mundo inequitativo y
excluyente, no obstante, cada vez que me roban siento una tremenda bronca, y no
precisamente hacia este sistema capitalista que fomenta valores de consumo y
excluye a grandes sectores de la población mundial, sino específicamente hacia
la persona que me robó.
No quiero caer en ese viejo
discurso simplista de que los chorros son chorros porque no quieren laburar, o
el clásico ‘hay que matarlos a todos’.
Creo que hay una influencia de factores tales como la exclusión, la desigualdad
y el desempleo en la delincuencia. La mejor forma de disminuir éste fenómeno a
largo plazo es ampliar el acceso a la educación, generar más fuentes de trabajo
y fomentar más actividades recreativas para jóvenes como ser las artes y los
deportes. De todas formas, y aún coincidiendo con éstos proyectos a largo plazo,
mientras tanto la persona que comete un delito tiene que ir presa. Lo ideal
sería que las cárceles no empeorasen a los delincuentes y eso también es un
punto a mejorar, pero aún así quien comete un delito tiene que ir preso o retribuir
ese delito, siempre teniendo en cuenta que la justicia debe mirar al futuro y
no al pasado, lo importante no es castigar a quien comete el crimen sino evitar
que el delito se vuelta a cometer.
Es una posición muy complicada,
porque a veces pareciera que la gente supone que porque uno cree que el mundo
es injusto, desigual, excluyente y que hay que hacer algo para transformarlo,
tiene que abrazarse con un chorro y no culparlo cuando te afana.
La interpretación de los choreos
A lo largo de este último año me
afanaron unas tres veces, esto es igual a la mitad del total de veces que me
robaron en mi vida. Las situaciones cada vez fueron empeorando, de a poco el ‘dame
todo lo que tengas y no te va a pasar nada’ se iba transformando en un ‘danos
billetes y el celular o si no te recagamos a palos’. Afortunadamente
siempre salí ileso y lo peor que me sacaron fue plata, mi teléfono móvil o
algún objeto que tenía cierto valor sentimental pero que económicamente no
valía tanto. Incluso hay una anécdota que, dentro de todo, hasta es graciosa,
una vez, creo que fue en el 2009, me agarraron y yo solamente llevaba cuatro
pesos y un celular siemens básico que para ese entonces ya tenía unos cinco
años, el chorro me terminó devolviendo el celular y pidiendo disculpas.
Las dos primeras veces que me
robaron este año tuvieron una cierta significación particular en lo que fue mi
vida unos pocos días después. Por ejemplo, a fines de marzo mi novia estaba muy
enojada conmigo, al punto tal que dudaba de seguir la relación. Era un domingo
o un lunes feriado, no me acuerdo muy bien, el hecho es que yo estaba solo en
casa y, como me daba mucha fiaca cocinarme y tenía un vale de dos por uno para
una McNífica, fui a McDonald’s y me compré un par de hamburguesas. Después de
haberme terminado el primer sándwich en la calle, aparece un pibe, al cual al
toque se le suma otro, y me piden violentamente ‘algo para comer’, billetes y el celular. No era la primera vez que
me robaban, pero si la primera que lo hacían tan violentamente, los chorros
anteriores, mal que mal, habían sido dentro de todo más diplomáticos y seguros,
tenían más tacto, estos últimos me habían hecho pasar un momento de mierda. A
mi novia, después de haberse enterado de la noticia, se le ablandó el corazón y
me invitó a comer a la casa. Hablamos un poco y, al menos por el momento, las
cosas se habían solucionado.
Seis meses después, una situación
similar tiene lugar, pero en un contexto de mi vida bastante distinto. Mi
(ahora) ex novia hacía ya un mes y medio que me había cortado, sin embargo nos
seguíamos viendo cada tanto y la posibilidad de retomar la relación en algún
futuro más o menos incierto estaba. El
día en que me robaron por segunda vez en este año, amenazándome de paso con un
vidrio, fue también desgraciadamente el día que vi a mi ex novia por última
vez. Me volvieron a robar el celular, más que nada eso. El modelo era un poco
mejor que el anterior, no era nada así súper grosso pero al menos podía sacar
fotos y escuchar música mp3 con auriculares normales y no esos que sirven sólo
para algunos tipos de teléfonos. Al poco tiempo mi ex decidió que dejáramos de
vernos, ya que ella tenía la necesidad de estar sola y seguir encontrándonos
sólo iba a hacer que yo me confundiera. Al final, tratando de buscarle algún
sentido positivo, algo bueno habían hecho estos chorritos, al haberme robado el
celular me quitaron toda una amplia gama de mensajes de texto escritos por mi
ex que eran realmente hermosos, algunos hasta incluso posteriores a nuestro
noviazgo, sin embargo una vez ya concluidas las cosas, esos mensajitos no me
iban a hacer bien y yo hubiera tenido que borrarlos, lo cual me hubiera dolido
muchísimo. Lo bueno sigue estando en mi corazón, y eso es más que suficiente.
El robo más reciente fue, quizás,
el menos feliz de los tres, me agarraron dos tipos de unos veintitantos
mientras yo volvía de noche lo más pancho a casa luego de una salida con
amigos. Nuevamente, no me volvieron a sacar nada que tuviera demasiado valor,
simplemente un celular que era medio choto, y un morral de NERV (una
organización ficticia de un anime) que quería mucho y hasta me había ayudado a
hacer buenas migas con gente copada en la facultad.
Durante el 2012, las dos primeras
veces que me robaron estuvieron asociadas a algo. La primera me ayudó a que mi
novia me perdonara, quizás a la larga lo hubiera hecho de todas formas, pero
hay que admitir que el robo contribuyó bastante. De hecho, hasta podríamos
afirmar que esos chorros fueron una cierta bendición, o más bien lo que los
británicos llaman “mixed blessing”, una especie de bendición mixta o ‘desgracia
con suerte’, en la cual pasa algo muy malo que a la larga trae algún beneficio
positivo (como por ejemplo, que te metan preso y en la cárcel conozcas a tu
futura mujer). La segunda vez en el año que me robaron ya no fue algo tan
positivo, pero al menos me ayudaron a deshacerme de algunos vínculos con el
pasado, llámense lindos mensajes de texto, que eran un poco duros si uno los
mira en retrospectiva.
Aún me cuesta descifrar qué
significado o asociación pueda tener este tercer robo más allá de la bronca que
me generó. Quizás no tenga por qué tener un significado o interpretación, pero lo cierto es que nada tiene
un sentido propio si lo vemos desde una determinada perspectiva, y así es como
objetivamente, y fuera de toda carga cultural y valorativa, un partido de
fútbol no son más que veintidós tipos (veintitrés, si contáramos al réferi)
corriendo tras una pelota, o una novela tampoco
es más que una ‘astuta combinación
de tinta y papel’ (Dolina, 1988). Es cierto, la realidad fuera de toda
interpretación no es más que un conjunto de colores, sonidos, olores, texturas
y sabores que cambian sin ninguna pausa. A lo que quiero ir es que justamente
por eso es tan importante interpretar, para darle un mínimo de coherencia y
gusto a lo que vivimos, de no ser así, todo sería un verdadero embole.
No obstante, es probable que mi
problema sea justamente sobreinterpretar las cosas.
lunes, 10 de diciembre de 2012
Conceptos
Agus está viniendo seguido a mi
casa, ya sea para estudiar o para almorzar y después ir juntos a la biblioteca.
Un día, hace un par de semanas, me mostró en youtube unos videos de una banda
llamada “Poxyclub”, formada por dos chicos de zona norte que, aparentemente, se
burlan de su propia condición social con canciones como: Quiero flashear ser pobre, Flaca,
comprate un blackberry o Administración
de Empresas. Son bastante ridículos, aunque a mí me hicieron cagar de la
risa.
Siempre tuve ganas de tener una
banda, me gusta mucho tener un proyecto con amigos que perdure en el tiempo, un
poco me hace pensar en esas series animadas japonesas donde un “grupo de
amigos” lucha contra villanos o contra servidores de las “fuerzas del mal”. No
sé muy bien cuál es la asociación, quizás simplemente el hecho de que un grupo
de personas trabajan en conjunto y, sobretodo, cancherean.
Yo le comentaba a Agus:
-
Quisiera ser parte de una banda, me gusta mucho
el concepto de ‘equipo’
A lo cual Agus respondió sin
reflexionar demasiado:
-
Bueno, primero te tiene que gustar el concepto
de ‘música’.
No sé tocar ningún instrumento,
lo cual es una gran falencia a la hora de participar en una banda. Un conocido
solía decir que un hombre con guitarra tenía ‘un status diferente’. Quisiera vincularme
más con la música, pero me da mucha fiaca aprender a tocar la guitarra u otros
instrumentos que, seguramente, deben ser más caros. Estoy pensando seriamente
en hacer un curso de verano de canto en febrero, la guitarra hay que llevarla y
traerla, pero la voz la tiene uno siempre consigo.
martes, 4 de diciembre de 2012
Lugar: Bar de la zona
fashion de Retiro, muy cerca del límite con Recoleta.
Hora: Un miércoles del mes
de noviembre, 21:30, 22 hs
Tema: palabras que nos
gusta como suenan:
Bellis: a mí me gusta mucho
la palabra ‘mamarracho’, suena a
palabra usada por un intelectual para hablar con sencillez y así acercarse más
al Pueblo.
Mis dos interlocutores se cagan de la risa.
Bellis: Claro, como hacía
Perón, por ejemplo.
Los chicos se siguen riendo mientras yo no termino de entender el
porqué.
martes, 14 de agosto de 2012
martes, 13 de marzo de 2012
Exceso de tiempo libre
Tengo demasiado tiempo libre. Cerca del 20 de noviembre pasado promocioné las dos materias que estaba cursando en la facultad y desde entonces estuve “de vacaciones”. Dos meses sin ningún tipo de obligación pueden ser un verdadero placer, pero si se pasa ese límite es fácil que uno se termine aburriendo o achanchando. El exceso de tiempo libre puede llegar a ser dañino a veces.
Tengo amigos a quienes llamar, pero algunos ya están recibidos y trabajan en proyectos de investigación y cosas por el estilo, otros por ahí todavía no terminan la carrera pero tienen la posibilidad de hacer cursos de verano e incluso dan clases particulares. Tengo la misma sensación que tuvo Homero en ése capítulo de Los Simpsons en el cual Marge empieza a salir con una vecina, Ruth, y él tiene más tiempo al pedo que quiere usar para divertirse con sus amigos, pero desgraciadamente todos están ocupados. Odio esa sensación, la de ser el único que no tiene nada que hacer.
Algo que cualquiera me podría decir y que es verdad, es que a ellos no les cayó de arriba su situación, yo tuve las mismas posibilidades que ellos, pero avanzaba más lenta y cómodamente, dejándome llevar por aquél viejo y clásico argumento de que en la facultad “cada uno tiene sus diferentes tiempos” (lo cual no es falso, pero tampoco debe servir como excusa cuando uno tiene la posibilidad de avanzar más rápido). Para éste próximo cuatrimestre me propuse cambiar mis hábitos y ver si puedo cursar más materias y avanzar con más rapidez. Al mismo tiempo ésta misma ansiedad por tener la oportunidad de una revancha contra mí mismo hace que tenga más ganas de que se terminen estas largas vacaciones.
Una opción para ocuparme pudo haber sido laburar. Tuve un trabajo durante la primera mitad del año pasado y cobraba bien, considerando que eran sólo seis horas, pero resultaba frustrante no poder dedicarle el tiempo necesario a la facultad, además de eso era molesto ver cómo iba avanzando tan lentamente en lo académico mientras que, a largo plazo, el trabajo no me aportaba mucho más que el sueldo. Era un laburo relativamente monótono, lo cual no era sinónimo de fácil, no había que pensar mucho pero si hacía falta cierta agilidad y rapidez, era necesaria una suerte de destreza que sólo se aplicaba a ése lugar concreto.
Zonajobs por otro lado está pensado principalmente para secretarias y gente que estudia carreras como ingeniería en sistemas o administración de empresas. Lo que uno puede encontrar estudiando una carrera humanística es muy poco, salvo que te mueras por laburar en un call center.
Me recomendaron, en ésta época de vacaciones largas y aburrimiento, que intentara mantenerme ocupado haciendo ciertas cosas pequeñas pero útiles, como acompañar a mi novia a retirar la tarjeta SUBE, bajarle una película a mi hermana, o incluso ir a canjear algunos comics que mucho no me gustaron (como Episode G) por otros más nuevos y copados (como Death Note). Otra cosa que estuve haciendo ésta última semana fue ordenar mi cuarto, una actividad que, aunque no lo parezca, no es para nada superficial.
Ordenar el cuarto puede llegar a ser lo mismo que viajar en el tiempo. Uno encuentra cosas viejas e interesantes casi sin proponérselo. Me llama la atención como ahora hay “nuevas antigüedades”, como ser, por ejemplo, los CD’s con Back ups de hace cinco años o más. También hay cosas que en algún momento fueron casi sagradas y hoy tengo ganas de sacarme de encima porque ocupan espacio. Tengo un montón de anime en VHS que no sé si vender en mercado libre o tirar directamente, y en cierta medida es una pena, porque varios videos están buenos, pero ya ni tengo en dónde reproducirlos. Muchas veces compramos productos aparentemente interesantes que al poco tiempo se vuelven basura, hoy creo que antes de comprar cualquier cosa debería pensar más seguido sí estoy comprando algo útil o algo que en poco tiempo va a ocupar espacio solamente. ¿A alguno le interesaría tener un CD de Ashlee Simpson?
Ésta bueno ocuparse, especialmente haciendo aquellas cositas que uno descuida cuando está ocupado enserio. Lo que sí noto, es que cuando no estoy haciendo nada o no tengo nada para hacer me pongo un poquito irritable. ¡Ah! Eso sí, la que se merece un monumento es mi novia, que me tuvo una paciencia enorme estos días.
Por suerte la facu empieza el próximo lunes…
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